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Reseña · Octubre 2026 (2)

Que nadie nos cuente

Yesteryear, de Caro Claire Burke: la vida perfecta que nunca existió

Adriana Muela

30 de octubre de 2026·6 min de lectura
Que nadie nos cuente

Este mes, en nuestro club de lectura, leímos una novela que llevaba tiempo dando de qué hablar: Yesteryear, de Caro Claire Burke. Se volvió tendencia, despertó la curiosidad de numerosos clubes de lectura en México y Estados Unidos, y su traducción al español llegó acompañada de una enorme expectativa. De pronto, parecía que todo el mundo quería leerla, comentarla y, por supuesto, tener una opinión sobre ella.

Y opiniones hubo muchas. Si algo consiguió esta novela fue dividir a sus lectores: algunos la amaron y otros, definitivamente, no lograron conectar con ella. En nuestro club pasó exactamente eso: no llegamos a un acuerdo, y no porque faltaran argumentos, sino porque sobraban temas. Cada capítulo abría una conversación nueva.

Entonces, ¿por qué recomendarla este mes desde estas páginas? Tengo tres razones.

La primera: vale la pena acercarnos a las novedades editoriales, sobre todo a las que están provocando conversación. No todo lo que se vuelve tendencia es una obra maestra, pero tampoco deberíamos descartarlo solo porque está de moda. A veces hay que dejar los prejuicios a un lado, abrir el libro y descubrir por nosotros mismos qué tiene que decirnos. Que nadie nos cuente.

La segunda tiene que ver con algo que muchos lectores conocemos: el temido bloqueo lector, ese momento en el que ningún libro parece atraparnos y avanzar unas cuantas páginas se vuelve una tarea complicada. Si estás ahí, Yesteryear puede ser una buena salida. Entretiene, despierta curiosidad y consigue —hay que decirlo— mantenerte picado hasta el final.

La tercera razón es la que más me interesa. Buena parte de la conversación alrededor de esta novela giró en torno a las redes sociales, las creadoras de contenido y esa vida aparentemente perfecta que tantas veces observamos a través de una pantalla. Para quienes también habitamos ese universo digital, el tema resulta especialmente cercano.

Sin embargo, como lectora, creo que ese elemento fue también un gancho de marketing muy bien construido. Las redes sociales tienen un papel importante en la historia, pero son la puerta de entrada, no el centro de la novela. Conforme avanzamos en la lectura, descubrimos que hay otras cuestiones que merecen nuestra atención.

Pero, ¿de qué trata realmente esta historia?

La novela gira alrededor de Natalie, una mujer que en la actualidad parece tenerlo todo: un matrimonio, una familia, una vida aparentemente perfecta y una exitosa carrera como influencer que le permite ganar mucho dinero.

Natalie creció dentro de una religión y bajo un conjunto de creencias profundamente arraigadas. No mencionaré cuál, porque lo importante no es una religión en particular, sino la manera en que ciertas ideas pueden determinar nuestras decisiones, nuestra conducta y hasta nuestra percepción de lo que está bien o mal.

A través de distintos momentos de su vida, la autora nos presenta a la niña que fue y a la joven que ingresó a Harvard y tuvo que enfrentar el rechazo y las burlas por sus creencias y su manera de comportarse. También conocemos su relación con Kale, un hombre de una familia profundamente conservadora, perteneciente a una dinastía vinculada con la política estadounidense.

La manera en que la autora entrelaza estos momentos de su vida nos permite reconstruir la historia de Natalie y comprender cómo llegó a convertirse en la mujer que conocemos al inicio. Hasta el título lo anuncia: yesteryear significa «antaño», los tiempos de antes. Y ese pasado idealizado, esa vida perfecta que tantos añoran, quizá nunca existió como nos la contaron.

Pero algo comienza a cambiar. Poco a poco, Natalie descubre que muchas de las verdades con las que creció quizá no eran ciertas, y empieza a cuestionar lo que le enseñaron y el papel que se espera de ella como mujer, esposa y madre.

Ahí comienza lo verdaderamente interesante. Yesteryear deja de ser una historia sobre la exposición en redes para adentrarse en temas mucho más incómodos: la maternidad, la crianza, las relaciones de poder, el abuso infantil, la violencia psicológica y las expectativas que recaen sobre las mujeres.

Y hay un tema que atraviesa toda la novela: la salud mental. Porque una cosa es cuestionar nuestras creencias y otra muy distinta es descubrir que hemos construido toda nuestra vida alrededor de ellas.

¿Qué sucede cuando aquello que nos daba seguridad deja de tener sentido? ¿Cómo escapar de un sistema cuando no conocemos otra manera de vivir?

Natalie no encuentra fácilmente las respuestas. Su mundo comienza a desmoronarse y, con él, su capacidad para distinguir entre lo que vive, lo que recuerda y lo que su mente construye para enfrentar una realidad que la supera.

La historia también nos coloca frente a un cuestionamiento social que va más allá de Natalie. Existen mujeres que crecen dentro de estructuras familiares, religiosas y culturales tan arraigadas que terminan convirtiéndose en su única manera de entender el mundo. Y cuando comienzan a cuestionarlas, descubren que salir de ellas no es tan sencillo como tomar una decisión.

A veces las barreras son físicas, económicas o familiares. Otras veces son mentales, construidas durante años a partir de la culpa, el miedo, la obediencia y la idea de que cualquier camino diferente es equivocado.

Y entonces surge una pregunta incómoda: ¿qué tan libre puede ser una mujer para elegir su destino cuando nunca le han permitido imaginar otras posibilidades?

Ahí se encuentra uno de los cuestionamientos más interesantes de Yesteryear. No se trata de juzgar a quienes eligen una vida tradicional ni de imponer una única manera de entender el feminismo. Se trata de reconocer que no todas las mujeres parten del mismo lugar ni cuentan con las mismas posibilidades para decidir sobre su propia vida.

Y quizá lo más perturbador es comprender que no todas las prisiones tienen puertas cerradas. Algunas están construidas con ideas, miedos y verdades que nunca nos permitieron cuestionar.

¿Es Yesteryear una gran novela? Esa respuesta prefiero dejársela a cada lector. Lo que sí puedo decir es que me entretuvo, me hizo cuestionar algunas cosas y, sobre todo, generó una conversación que continuó mucho después de cerrar el libro. Yo me quedé con un sinfín de preguntas y sin saber cuál sería la postura correcta. Las tradiciones tienen su valor y, en cierta medida, pueden ser buenas. Pero lo más importante es la capacidad de elegir: aprender, prepararnos, estar informados y no dejarnos llevar siempre por lo que dicta el mundo.

No voy a revelar cómo termina. Prefiero que cada lector descubra qué sucede con Natalie y saque sus propias conclusiones.

Porque, después de todo, de eso se trata esta columna: de leer sin prejuicios, de cuestionar lo que nos cuentan y de atrevernos a construir una opinión propia.

Que nadie nos cuente.