México es uno de los países que más música consume en el mundo. Escuchamos música en el coche, en el celular, mientras trabajamos, caminamos o hacemos ejercicio. Suena en la radio, en las plataformas digitales, en las fiestas y en los espacios públicos. La música nos acompaña casi todo el tiempo, pero pocas veces nos detenemos a preguntarnos cómo la escuchamos y qué lugar ocupa realmente en nuestra vida.
Más allá de las cifras —que sugieren que las y los mexicanos escuchamos más de 25 horas de música a la semana—, vale la pena plantear una pregunta sencilla pero profunda: ¿qué escuchamos cuando escuchamos música? Porque no se trata solo de géneros, modas o playlists, sino de la manera en que nos relacionamos con el sonido, con el arte y con las emociones que la música activa.
En nuestro país, la música no solo se consume: se hereda, se discute, se celebra y se reinventa; conviven el mariachi y el trap, la música regional y la electrónica, el pop masivo y la experimentación sonora. Existen escenas que dominan las plataformas digitales y otras que sobreviven en circuitos más pequeños como: foros independientes, festivales, universidades y espacios culturales, pero todas forman parte de un mismo ecosistema diverso y complejo.
Durante mucho tiempo fue común clasificar la música entre lo "artístico" y lo "comercial", como si el valor estético dependiera únicamente del lugar donde suena o del público al que llega. Nos guste o no, TODA MÚSICA NACE DE UN ACTO CREATIVO, de ese impulso que acompaña una búsqueda estética, emocional o narrativa de quien la crea; y no habita solo en los espacios culturales, sino en la intención, en el lenguaje y en la experiencia que provoca en quien la escucha.
Hoy consumimos música de manera casi infinita y los algoritmos nos facilitan el acceso, pero a la vez, nos limitan a lo conocido reduciendo nuestro paisaje sonoro. Y es que escuchar mucho no siempre es escuchar mejor; en cambio, estar dispuestos a explorar propuestas distintas habla de una escucha activa, crítica y menos guiada por la inercia del consumo. Afinar el oído implica abrirnos a lo desconocido, permitirnos la sorpresa y dedicar tiempo y atención a aquello que no llega de forma inmediata.
Y pensar en la música desde la perspectiva del arte no significa elevarla o volverla elitista, sino escucharla con mayor presencia y concebir una relación más consciente con la música y con el mundo. Preguntarnos quién la hizo, desde dónde, para quién y con qué propósito, implica reconocer que no solo somos consumidores, sino participantes activos de un inmenso universo cultural. Y que con cada escucha, cada recomendación y cada boleto de concierto que adquirimos, decidimos qué propuestas se fortalecen y se expanden, y cuáles permanecen en silencio.
Te invito a escuchar sin prisa, a explorar escenas locales, a abrir espacio a propuestas distintas y a hacer de la música algo más que un acompañamiento de fondo o una excusa para evitar el silencio. Porque escuchar música puede ser un gesto cotidiano y a la vez, un acto consciente y profundamente humano.
Y me despido con música, aquí 10 álbumes que resuenan más allá de la primera escucha, para comenzar el año reconectando con la sensibilidad, la imaginación y el asombro… ¡Qué la disfrutes!
- La Tierra Bajo Mis Pies — Blues Band Blues
- Twin Color (Extended Play No.2) — Murcof
- Unfurl — Asaf Avidán
- Streets of Your Town — Josh Rouse
- Cancionera — Natalia Lafourcade
- Mambo Cósmico — Sonido Gallo Negro
- Coco Maria Presents: New Dimensions In Latin Music — Coco María
- Soulful Touches — Pino Presti
- Shostakovich: Complete String Quartets, Vol.3, No.13-15 — Cuarteto Casals
- I Love You, Honeybear Demos, etc. — Father John Misty


