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Música · Julio 2026

¿Al cantar, te desnudas?

Hugo López

29 de julio de 2026·7 min de lectura
¿Al cantar, te desnudas?

Alguna vez, no hace mucho, me dijeron: "Cantar es uno de los actos más valientes y vulnerables que existen. Es como si te desnudaras". No estoy del todo de acuerdo. Le contesté que sí, pero que al tomar un instrumento, igual la ejecución te invita a atreverte, a mostrarte.

—"Sí, pero nada como con algo que sale de tu propio cuerpo".

Me dejó pensativo.

En mi experiencia, que comencé a cantar en mi primera banda a los 16 años, puedo decir que fui valiente y me vulneré, pero no siento que me costó. Le costaba a quien me tenía que escuchar (sobre todo a mi santa madre). Con mucha práctica y tablas me fui entonando, encontrando mi color de voz. Mi propia voz.

El atrevimiento para hacer algo existe prácticamente en cualquier cosa que te propones. Un deportista se atreve con valentía a intentar una jugada que nunca había hecho. Una bailarina se atreve a hacer un giro adicional en el aire. Un joven, o un adulto mayor, se atreve a lanzar un negocio. Un corazón roto se atreve a emprender un viaje para reencontrarse. Todos nos atrevemos todo el tiempo. La pregunta es ¿qué tanto?

Hace varios años una persona que trabajaba conmigo me preguntó de dónde creía yo que venía la creatividad. Fue imposible contestarle sin hacer alusión a la música. Al día de hoy, sigo pensando que la necesidad, y posibilidad, de crear es tan natural como la de vivir. La cuestión está en qué tanto decidimos abrir "la llave" para que fluyan. Ambas. La creatividad. La vida. El caminar por/con la música (¿Hacia? ¿Desde?... quizá en ella aplican todas las preposiciones), tiene diferentes etapas y niveles de valentía. Cantes, toques la guitarra, el bajo, la trompeta o cualquier instrumento, el rito de pasaje, la cuota, es el atrevimiento. La valentía.

Es más, me voy a atrever a describirlo como un proceso (insolente yo).

La Experimentación temprana e interna: Todos la vivimos desde muy pequeños sin siquiera recordar ese momento. La letra que nos aprendimos. La tonadita que se nos quedó en la cabeza. El silbido, el tarareo. El ritmo que nos movió. La canción a la que le pusimos extrema atención.

El Consumo intencional: la sintonía de la estación de radio predilecta en la niñez o juventud, el intercambio de casetes para luego grabar tus canciones favoritas en otro. La compra constante, y hasta incontrolable de discos. El walkman, el Jango, el Spotify curado. La selección de playlists en fiestas y posadas. Los videos en el fallecido MTV, las idas a múltiples conciertos.

La Erudición: el dominio chistoso, morboso, chismoso, curioso y asombroso de todo tipo de detalles sobre la historia de las bandas y artistas. Sobre cómo llegaron a su técnica, a su caminar juntos. Sus separaciones, dónde grabaron, quién los produjo, las tragedias, las muertes, divorcios, sus proyectos musicales paralelos y aledaños. El culto, la admiración, las discusiones con amigos y enemigos sobre quienes son mejores que quién según nosotros.

Los "Pininos" secretos en el instrumento: El atreverte a pedir tu primera guitarra (o cualquier instrumento). Ahorrar para comprártela tú. El cantar bajito. En el carro, en la regadera. Tus primeros acordes sentado en tu cama, con o sin cancionero. Con o sin partituras.

La Conexión con otros: Tu primera banda. Las clases, el certamen, el jam, la "paloma", los ensayos interminables. Las sesiones de improvisación. La obsesión por sacar covers a la perfección.

La Vida pública: las primeras tocadas en fiestas privadas, las primeras presentaciones en antros, la amenización en carnes asadas, fiestas (y posadas, claro). Los escenarios chicos, medianos y grandes. Tu primera paga a través de la música.

El Descubrimiento de tu voz y tu canción: las grabaciones casi vergonzosas (o no) de una primera tarareada, de un embrión de melodía. Los primeros acordes "tuyos". La creación en conjunto con tu banda. La grabación de un sencillo. De un disco. La infinita, o finita, evolución de tu estilo.

El Sustento: vivir de la música, con o sin fama, con o sin seguidores, con o sin likes, con 20 personas de audiencia o con 20,000. Comer de ella, dar techo, vestido, educación y placeres a tus seres queridos, todo gracias a la música.

Multipliquemos matricialmente todo este proceso por las vías que se nos ocurran: Quien lo hizo siempre en su iglesia, en su academia, en estudios de producción, en sinfónicas, en conservatorios, a nivel instrumental con géneros raíz, o en grupos de bodas. Hay quienes viven las primeras etapas y ahí pararon. Hay quienes las vivieron todas de corrido antes de los 19 años. Hay quien jamás agarró un instrumento por miedo a la exposición o juicio (regularmente te dice que siempre quiso tocar, pero que él es melómano). Hay quien recorre estas etapas lentamente en décadas. Hay quien se queda en las etapas seis o siete. Hay quien vive varias en paralelo, o de ida y vuelta.

Todos tenemos la capacidad de cantar, bailar, hacer música. Es cierto, genéticamente podemos estar predeterminados con mayor o menor facilidad o talento. Pero que si la evaluamos, la juzgamos o la tememos, puede ser que decidamos atorarnos en alguna de las primeras etapas. Es más fácil admirar el gran talento de un Freddy Mercury, David Bowie o Bob Marley, que decidieron atravesarlas todas, conectados a la 220, en alta definición y sin filtros, que reconocer los millones de genios anónimos que se guardaron su experiencia para sí mismos. La música, en ellos, como quiera existe.

Entonces, ¿cantar es un acto de valentía y vulnerabilidad? Sí. Pero también pasar por las infinitas ramificaciones del proceso que describí, que si bien no es autocontenido, único o inmutable, implica un pequeño, rápido y a veces imperceptible cuestionamiento interno para dejar atrás el miedo y atrevernos, que palabras más palabras menos se siente algo como este nuevo mantra de poder mexicano…

"¿Y si sí?"

(si eres de los que se declaran melómanos y siempre tuvieron la inquietud de tocar la guitarra, puedes comenzar comprando una. No pasará nada si decides tocarla solo en tu recámara. Te hará muy feliz).

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