La imagen del tráiler sin cabina parece mal editada. Un tráiler avanza por la carretera y donde tendría que ir el chofer no hay absolutamente nada. No pusieron una computadora en su lugar; simplemente dejaron de incluir el espacio donde iba sentado. Y no es ciencia ficción, ni mucho menos una imagen hecha con IA.
En agosto de 2024, China ya había acondicionado 32 mil kilómetros de carreteras para pruebas de conducción autónoma y entregado 16 mil permisos. Meses después, la empresa Pony.ai recibió autorización para probar convoyes de camiones entre Beijing, Tianjin y Hebei: el primero lleva un operador de seguridad; los que vienen detrás circulan sin nadie al volante.
Inceptio (no es ninguna mala palabra, así se llama la compañía china) informó desde diciembre de 2024 que sus camiones habían recorrido más de 200 millones de kilómetros en operaciones comerciales. También reportó algo bastante menos espectacular que un tráiler manejándose solo, pero mucho más interesante para cualquier empresa: entre 20 y 50% menos en costos laborales. Son cifras de la propia compañía. Pero ahí está buena parte del negocio.
Y esto sigue avanzando. Apenas este agosto de 2026, Pony.ai habló de colocar entre 500 y 1,000 camiones pesados autónomos durante los próximos dos o tres años. Para los camiones ligeros L4, su objetivo declarado llega a 100 mil unidades en 2030.
En lo personal, no tengo problema alguno con la inteligencia artificial. Al contrario, es una herramienta maravillosa!
Si un camión que no se cansa puede evitar accidentes y jornadas inhumanas, qué bueno. Tampoco le veo nada malo. Lo que sí me interesa es quién hace las cuentas.
Porque ese ahorro de 20 o 50% tiene nombre. Hasta ahora se llamaba chofer, cobraba un sueldo y de ahí pagaba la renta, la escuela, la comida y buena parte de su vida. La empresa tiene todo el derecho a buscar eficiencia, pero la persona no desaparece junto con la cabina.
Y quizá ahí está la parte que todavía no estamos entendiendo del todo. También nosotros tendremos que empezar a conscientizarnos y a reinventarnos dentro del mismo rubro en el que ya trabajamos. Algo parecido ocurrió con la Revolución Industrial: antes muchas cosas dependían casi exclusivamente de las manos de una persona, llegaron las máquinas y desaparecieron trabajos, pero aparecieron otros que antes ni siquiera existían.
Con la inteligencia artificial seguramente ocurrirá algo parecido. Habrá empleos que dejarán de tener sentido como hoy los conocemos y aparecerán otros que todavía ni sabemos cómo se van a llamar. El chofer quizá ya no tenga que pasar doce horas detrás de un volante, pero alguien tendrá que operar, supervisar, mantener y entender esos sistemas. Volví a ver el tráiler de la foto. Lo más impresionante no es que pueda manejarse solo. Es que a nadie se le olvidó poner la cabina. Ya no la necesitaban.


