Volver a lecturas

Receta · Octubre 2026

Alquimia de otoño: Tejocotes en piloncillo y mezcal 🍯🍂

El Oso

9 de octubre de 2026·4 min de lectura
Alquimia de otoño: Tejocotes en piloncillo y mezcal 🍯🍂

Las fiestas patrias ya son historia y el aire empieza a soplar con ese frío sutil que avisa la cercanía del Día de Muertos. Estamos en el “entre tiempos”: ya no hace calor para hielos, pero es muy temprano para el ponche navideño. Es el momento perfecto para encender la estufa y preparar algo reconfortante.

Hoy vamos a rescatar una fruta dorada que muchos olvidan, pero que es un tesoro cuando se cocina a fuego lento: el tejocote. Vamos a transformarlo en una conserva especiada ideal para comer a cucharadas o coronar un buen queso fresco.

Los ingredientes

1 kilo de tejocotes maduros y firmes.

2 conos grandes de piloncillo oscuro (para dar ese sabor profundo a caña).

Especias: 2 rajitas de canela, 3 clavos de olor y 1 estrella de anís.

4 tazas de agua.

El truco del oso: 1 caballito generoso de mezcal espadín (para despertar a los espíritus).

Preparación paso a paso

Pelar la fruta: Pon a hervir agua en una olla. Agrega los tejocotes y déjalos solo 3 o 4 minutos. Sácalos y pásalos a un tazón con agua fría. La piel se arrugará y podrás quitársela fácilmente con los dedos, dejando la pulpa limpia.

Preparar el jarabe: En la olla limpia, vierte las 4 tazas de agua nueva, el piloncillo y las especias. Calienta a fuego medio hasta que el piloncillo se disuelva por completo y se forme un jarabe aromático.

Cocinar a fuego lento: Agrega los tejocotes pelados al jarabe y baja la flama al mínimo. Deja que todo hierva despacio durante 30 o 40 minutos. Buscamos que la fruta se suavice y el almíbar se reduzca hasta espesar.

El toque final: Justo antes de apagar el fuego, vierte el caballito de mezcal. Deja que hierva un minuto más para que el alcohol se evapore, pero quede impregnado su perfume ahumado. Apaga y deja enfriar.

El trago final:

Pasa este elíxir dorado a tus frascos de vidrio limpios. Puedes comerlos tibios o dejarlos reposar un par de días en el refrigerador; entre más tiempo pasen sumergidos en ese almíbar, más sabrosos se ponen. Sírvelos en un plato pequeño, báñalos con su propio jarabe espeso y, si te quieres ver muy pro, acompáñalos con un trozo de queso doble crema. El dulzor profundo del piloncillo, la acidez sutil de la fruta y el toque ahumado del mezcal te van a preparar el alma para recibir noviembre.

Esto no es un postre de supermercado; es un apapacho tibio para aguantar el cambio de estación.

saludos, desde la cueva del oso.