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Miscelánea · Diciembre 2025

Finales

Sobre las últimas veces que no sabemos que son últimas

Vanessa Castro

20 de diciembre de 2025·6 min de lectura
Finales

Uno nunca sabe cuándo es la última vez. Hace no mucho, mi hija me preguntó: "Mamá, ¿te acuerdas de la última vez que fuiste a un antro?". La pregunta me tomó por sorpresa. Obviamente he ido a lugares antrosos para gente contemporánea, pero salgo cansada a las doce de la noche preguntándome por qué vine, calculando cuántas horas de sueño perdí y jurando que la próxima vez mejor acepto un té y una serie. Pero la verdadera última vez, esa en la que salí amaneciendo, con más anécdotas que copas consumidas, con los pies destrozados de tanto bailar y lista para unos tacos antes de dormir, esa no la recuerdo. Simplemente pasó. Y ya.

Cuántas cosas así. Cuántas últimas veces hemos vivido sin saber que eran las últimas. El último abrazo que dimos sin sospechar que no habría otro. La última llamada que no devolvimos con calma. El último domingo en casa de los papás cuando aún estaban completos todos los platos en la mesa. Tal vez porque el año está a punto de terminar, esta sensación nostálgica me tiene invadida, pero la reflexión de las últimas veces me lleva inevitablemente al pasado y también al futuro.

Porque las pérdidas son inherentes a la vida misma. Perdemos tiempo, familia, amigos, posesiones y hasta versiones de nosotros mismos que no volverán. Lo que podía desvelarse sin consecuencias hoy necesita estiramientos, agua y silencio. La que decía sí a todo ahora pide agenda y aviso previo. Y aunque a veces duele aceptar esas despedidas silenciosas, también hay algo profundamente humano en soltar.

Durante mucho tiempo creí que pensar en los finales era triste. Hoy empiezo a verlos como señales. Como puertas que se cierran suavemente para que otras, tal vez más pequeñas, pero más luminosas, se abran. Porque mientras algo termina, algo más empieza. Y ahí es donde he decidido poner el foco: en las primeras veces.

La primera vez que digo que no sin culpa. La primera vez que me elijo sin justificarme. La primera vez que descanso sin sentir que debería estar haciendo algo más. La primera vez que me río de mí misma cuando olvido por qué entré a un cuarto.

También están las primeras veces que aún no imagino. Nuevas conversaciones, nuevos hábitos, nuevas formas de querer y de quererme. Tal vez nuevos lugares que no sean antro, pero sí mesas largas, sobremesas lentas y risas que no necesitan volumen alto para sentirse intensas.

El futuro visto así deja de dar miedo. No es un abismo, es una invitación. No promete perfección, pero sí posibilidades. Y aunque no sepamos cuándo será la última vez de algo, sí podemos elegir vivir atentos, presentes, agradecidos.

Porque al final, y esto lo digo con una sonrisa, quizá no se trata de recordar la última vez que salimos de fiesta, sino de estar listos para la próxima primera vez. Aunque sea algo tan simple como unos tacos, pero ahora sin desvelada.

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