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Miscelánea · Julio 2026

Camino a Gilead

Miscelánea

Vanessa Castro

29 de julio de 2026·5 min de lectura
Camino a Gilead

Hay un libro que después se convirtió en una serie muy famosa llamado The Handmaid's Tale. Para quienes no conocen la historia, presenta un Estados Unidos distópico en el que la tasa de natalidad cae de forma dramática. A partir de esa crisis surge una revolución que obliga a las pocas mujeres fértiles a convertirse en instrumentos de reproducción. Son asignadas a las casas de hombres poderosos para concebir hijos y, una vez cumplida su función, son trasladadas a otro hogar para repetir el mismo proceso. Todo se sostiene mediante una interpretación selectiva de la Biblia utilizada como mandato divino y como justificación para toda clase de abusos. Ese nuevo país recibe el nombre de Gilead.

Recuerdo la sensación de terror e impotencia que sentí al ver la serie. Pero hubo algo que me impactó todavía más. Una de las principales impulsoras de ese sistema era una mujer. Conforme avanza la historia, ella descubre que el régimen que ayudó a construir termina por alcanzarla. Desde su posición de privilegio creyó que nunca perdería sus derechos. Se equivocó. También fue despojada de su libertad y sometida a las mismas reglas que defendió. Los hombres que prometían proteger, proveer y guiar terminaron siendo lo que siempre habían sido para quienes no tenían poder. Verdugos y opresores.

Últimamente me he encontrado con una gran cantidad de contenido en redes sociales que habla de regresar al origen y presenta el ideal de la trad wife como si fuera la respuesta a todos los problemas de la sociedad. Cuando ese discurso proviene de un hombre no me sorprende. Lo que realmente me inquieta es ver a muchas mujeres promoviéndolo como el único modelo deseable de vida.

No hay nada de malo en que una mujer decida dedicarse al hogar si esa es su elección. El problema aparece cuando una decisión personal comienza a venderse como una obligación moral o como el destino natural de todas las mujeres. Así empiezan muchos retrocesos. No con leyes. No con violencia. Empiezan con discursos seductores que romantizan el pasado y presentan la pérdida de derechos como si fuera un regreso al orden.

La historia demuestra que las libertades rara vez desaparecen de un día para otro. Se erosionan poco a poco mientras la sociedad se convence de que está recuperando algo valioso. Por eso Gilead resulta tan inquietante. No porque parezca imposible, sino porque nos recuerda que cualquier sociedad puede justificar el autoritarismo cuando el miedo y la nostalgia sustituyen al pensamiento crítico.

Existe una frase muy conocida que dice que quien no conoce la historia está condenado a repetirla. Hoy cobra más sentido que nunca. Sería profundamente injusto olvidar a todas las mujeres que lucharon, que desafiaron las normas de su tiempo y que incluso perdieron la vida para que hoy podamos estudiar, trabajar, votar, decidir sobre nuestro futuro y elegir el tipo de vida que queremos construir.

Si hoy una mujer puede decidir ser una trad wife, una profesionista, una madre, una empresaria o ninguna de esas cosas, es precisamente porque otras pelearon antes por el derecho a elegir. La verdadera libertad nunca ha consistido en volver al pasado. Siempre ha consistido en tener opciones y que ninguna de ellas sea impuesta.