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Arte · Noviembre 2025

La tragedia en los tiempos del trending

Artepuerto

Ninfa Romero

20 de noviembre de 2025·7 min de lectura
La tragedia en los tiempos del trending

Este mes recibí una cordial invitación: se trataba de ser madrina de estreno y temporada de una obra de teatro denominada por sus creadores "independiente". Fue así como llegué una noche de miércoles a la primera puesta en escena de Medea Story Time, que ofreció una versión moderna, lúcida y provocadora, de la tragedia clásica que revisita y trae a Medea al presente entre: aros de luz, likes y emojis, invadida por esa implacable y visceral necesidad de ser hacernos visibles y aparentar plenitud desde estética de la perfección, que frecuentemente confundimos con el hecho de existir, incluso en medio del más hondo dolor.

Desde la primera fila y a pocos minutos de su inicio, este drama escénico me colocó ante el espejo directo de las más genuinas, fascinantes y aberrantes emociones y necesidades humanas; todo atravesado por acentuados estereotipos ancestrales y arcaicos, concebidos desde la renuncia y una conveniente estandarización, que de una u otra forma reiteramos y no logramos soltar del todo, a pesar de que nos limitan y nos inculpan, intentando modelar nuestra esencia y desmembrar nuestro potencial.

Y es que creo que, la esencia humana es, por naturaleza, libre, silvestre e impredecible; y aunque desde temprano aprendemos a vivir en sociedad, a procurar la convivencia y a respetar las reglas que nos permiten compartir el mundo, el problema surge cuando esas normas o instrucciones se vuelven jaulas o mandatos: los arquetipos "femenmascul-inos" nos limitan, nos violentan y nos impiden ser quienes realmente somos, o incluso descubrir quiénes podríamos llegar a ser.

Pero lo más potente creo, fue su lectura crítica de lo social y lo político; entre el acompañamiento y la complicidad irresponsable de las redes de esa "camaradería digital" y el descaro de gobiernos "on demand", que nos dan lo que, en masa, queremos ver y escuchar, dejando de lado el deber que garantiza el bien de una mayoría. Una metáfora tan contemporánea que incomoda y despierta por lo absurdo —y tristemente gracioso— que nos resulta vernos ahí reflejados.

Aunque nos creamos criaturas súper evolucionadas, seguimos participando de dinámicas que, en lugar de dirigirnos hacia la libertad y la conciencia para avanzar, nos hacen perdernos en la ilusión de progreso, repitiendo patrones con nuevos filtros y etiquetas.

Fue así como una producción teatral verdaderamente eficiente, hecha con poco, pero con ingenio, corazón y talento; supo combinar bien tragedia y actualidad, con un pulso visual y narrativo que no me soltó y me invitó a repensar quiénes somos y cómo actuamos, en esta era tecnológica de pantallas, filtros e inmediatez.

Tal vez el desafío esté en recordar que la verdadera evolución no está en domesticarnos y ser trágicamente condescendientes o altamente adaptables para pertenecer y ser aceptados, sino en que, más allá del discurso, cada vez más personas estemos dispuestas a convivir desde el respeto sin perder lo que nos hace genuinamente humanos en la práctica diaria.

Una experiencia que, más que una función fue un detonante y un recordatorio de que la esencia humana busca abrirse paso y trascender más allá de apariencias y los relatos que las contienen.

Un remanso… Acercarme al arte siempre ha sido para mí una de las formas más elevadas de amor; un acto donde el tiempo se desacelera, mi mirada se esclarece y mi alma se reencuentra, para volver o para salir disparada de mi centro. Se vuelve también una forma de resistencia: un espacio para reconectar con lo que importa y comprobar que cuando todo es urgente, nada lo es tanto.

¡Bien por el elenco, la directora y el "crew" de producción, que se rifó sorteando las vicisitudes del estreno siempre incluidas en el paquete! Fue lindo acompañar el primer respiro de esta puesta siendo su "ada madrina" de inicio y temporada. En verdad espero haberles atraído gente chida, vibras altas, mucho aplauso y éxitos multiplicados.

Ahí —en ese instante suspendido— es donde el arte vive, hace su magia y cumple su milagro. Se confirma que eso es lo que más necesitamos: momentos que nos inviten a detenernos para experimentar y cuestionarnos, e incluso incomodarnos, con nuestra realidad a través de las artes. Porque si me funciona a mí, le puede funcionar a muchas otras personas.