En uno de los episodios del entretenido programa Track Star, Billy Corgan, fundador y líder de Smashing Pumpkins, dice que él aspira ser como esos grandes artistas que aún "tienen algo que decir" después de cierta edad (hace referencia a después de los 50 años). Y nombra a Bob Dylan, Neil Young, Leonard Cohen, Willie Nelson, Waylon Jennings. Me dije "¡Madres!, tengo a todos esos en mis playlists". Esto me llevó no solo a sentirme orgulloso de mi gusto musical, sino también a recordar las palabras que un gran amigo, otro artista genial (como Corgan) me compartió recientemente:
"Hay tres tipos de artistas. Los que quieren ser entendidos. Los que quieren entender. Y a los que no les importa entender. Los primeros no son artistas. A los segundos vale la pena entenderlos. Y los terceros son los verdaderos artistas, cuya esencia es una con la Naturaleza. Esos valen la pena SER."
— Oscar Mascareñas
Quizá por ego Billy Corgan no mencionó a David Bowie en esa lista, pero conozcas o no su extensa y cambiante obra, Bowie siempre dejó claro que su proceso creativo era tan libre y auténtico como la propia Naturaleza. El documental Moonage Daydream le hace total justicia, dejando claro que Bowie fue obra de sí mismo, su arte una extensión de él, y la película (altamente recomendada), a manera de fractal, pareciera un viaje interno al proceso creativo de Bowie.
La industria de la música es compleja y agresiva. Siendo radical, hasta podría decir que cualquier arte jamás debió haberse convertido en una profesión. Con los niveles megalómanos que desde el siglo pasado ha alcanzado el show business, podemos entender muchos de los casos de sufrimiento, tragedias y adicciones. El artista es por definición altamente sensible. Agrega a ello excesos de notoriedad, expectativas, dinero, sustancias y un ambiente desquiciante; muchos finales no son felices. Afortunadamente, hay excepciones que no me podrán negar que el equilibrio cuesta trabajo.
Distingamos, pues, entre ARTE, MÚSICA Y ENTRETENIMIENTO. Yoko Ono hace su arte, pero muchas veces no parece música ni entretiene. Un músico sin mucho talento puede grabar discos, y hoy en día hasta entretener a miles, sin necesariamente hacer arte, y así podríamos llenar una matriz —seguramente muy subjetiva y personal— con nueve casillas llenas de ejemplos de quiénes tienen tal o cual variable. Al final cada uno es libre de hacer la música que quiera, sin embargo, los resultados pueden o no ser los del éxito (si éste hoy lo definimos como venta de boletos o seguidores en redes sociales y plataformas). Por eso para mí es admirable y valiente que un músico se atreva con honestidad a ir proyectando en sus canciones, la manera en la que éste va cambiando en la vida.
Nadie puede negar que Clay Pigeons de Blaze Foley es de las canciones más hermosas y honestas que han sido compuestas (¿Blaze quién?), y qué si no la hubiera grabado John Prine quizá no conoceríamos la canción. Que la simple y profunda prosa de Sixto Rodríguez no hubiera sido escuchada afuera de Sudáfrica sin el documental Searching for Sugarman, y que en este momento seguramente hay una persona en la sala de su casa o en alguna aldea rural en África o Nueva Zelanda, creando música infinitamente bella que jamás conoceremos.
En el otro extremo están KISS, AC/DC, Molotov, Hombres G y Metallica, por mencionar algunos, que, a lo largo de su carrera, apuestan a un producto seguro sin desviarse de un camino un tanto trazado y conocido. Un claro ejemplo de lo difícil que es ir explorando la naturaleza cambiante del músico es Metallica. Quienes sean fans jamás olvidarán lo difícil que fue para ellos tratar de encajar en el rock alternativo de los noventa con sus álbumes "Load" (1996) y "Reload" (1997), alejándose totalmente de su esencia, y de muchos de sus seguidores. La batalla interna continuó cuando 10 años después con "Hardwired… to Self-Destruct" en vez de mostrar lo que tenían que tocar y decir desde quienes eran en ese momento, los llevó a tratar de replicar quienes eran en sus inicios, con canciones que trataban de sonar a ellos mismos en el pasado.
Dicen que el cambio es inevitable, y concuerdo, pero no todos los músicos se van a atrever a expresar desde quienes son en cada época de su vida, sin correr los riesgos que como muchos otros, Radiohead, Café Tacvba o Trent Reznor corren. Ser una institución por tu legado, ser referente por tu calidad, y ser del gusto popular por tu masificación, son platillos que rara vez se sirven juntos en la misma mesa.
Los seres humanos cambiamos. Así como las estaciones, que por más que se repiten cada año, son distintas. En lo que a mí respecta, hay quienes me han dicho "Huge Seasons". Les puedo decir que el cambio en la música que escucho, toco y compono, así como el de mi vestimenta, viene siempre desde un lugar honesto, que a mis 50 años me siento más cómodo cantando canciones que hoy me representan, y que a los 70 espero estar cantando y contando la vida que entonces tenga.
Si alguien conoce a Axl Rose, invítenlo a que tome su guitarra acústica y vuelva a componer, que use su voz naturalmente grave y nos cuente sobre sus miedos y logros desde quien hoy es. Finalmente, que no se haga güey, él también admira a todos esos como los que Billy Corgan dijo que quiere ser.


