Los primeros días del año son para muchas personas sinónimo de nuevas metas y objetivos. Los propósitos muchas veces empiezan fuerte, y terminan solo como buenas intenciones. Hay otras veces, sin embargo, en las que el objetivo sí se cumple, pero resulta no ser lo esperado.
Algo así me sucedió hace algunos años cuando comencé a ponerme metas lectoras. En ese entonces usaba una plataforma llamada Goodreads, que es básicamente una red social dedicada a la lectura. Cada año la plataforma te invita a unirte a un reto en el que defines una cantidad de libros que quieres leer en el año, y puedes ver tu progreso y el de tus amigos.
En su momento lo usaba y parecía divertido. Disfrutaba llevar registro de mis lecturas, ver el porcentaje de avance de cada libro, de la meta en general, y ver mis estadísticas al final del año. Sin embargo, con el tiempo comencé a darme cuenta del impacto inesperado que esa meta tenía en mis hábitos lectores.
Como la meta era cantidad de libros terminados, lo que terminaba pasando era que evitaba libros muy largos, prefiriendo un par de poemarios al final del año para cumplir con el número. Si el libro no me estaba gustando lo terminaba comoquiera, porque si no se convertía en una pérdida de tiempo que no me ayudaba a avanzar con el reto. Estaba dejando a un lado algunos libros que tenía muchas ganas de leer, que había querido leer por años, pero que estaban tan largos que temía que me fueran a atrasar en mi meta anual.
Aunque tener esas metas sí me impulsaba a leer, sentía que me estaba alejando de algunas de las cosas que me gustan de la lectura: la profundidad de lo que puedes encontrar al sumergirte en un libro muy largo y/o muy denso, la paciencia que debes tener para leer algo así, el enfoque que debes mantener de manera prolongada, y la manera en la que eso te invita a pensar sobre un tema por más tiempo.
Con el paso de los años mis métodos han cambiado, y ahora que tengo un hábito lector más establecido, agarrar un libro no representa un esfuerzo tan grande. No creo necesitar una meta anual para seguir leyendo, y ahora lo hago de una manera más libre. Puedo empezar libros y dejarlos a la mitad si no me están gustando, leer por mucho tiempo libros muy largos y devorarme algunos otros de vez en cuando, sin preocuparme por el mes del año en el que lo estoy leyendo. A veces extraño mi registro, y tal vez regrese a él algún día. Por ahora solo leo por el placer de sentir y de aprender, buscando de vez en cuando nuevos rincones que me quedan por explorar.


