Marzo se siente como ese momento del día en el que ya no es de mañana pero todavía no es de tarde. Es el fin de la temporada de frío y empieza la primavera. A mí se me hace un mes interesante: hay bodas, cumpleaños, dias libres y aunque hay días de descanso, la mayoría de estos eventos son por la noche.
¿Y qué tienen en común las noches de bodas y cenas largas? El café.
Ese momento donde ya comiste, bailaste y estás platicando con la mesa completa. Se sirve un café, y por fin parece que la gente empieza a relajarse de verdad. Las pláticas se alargan, las risas aumentan y la cena se vuelve inolvidable. No por la comida ni el lugar, sino por la compañía y esa vigilia que se forma cuando nadie tiene prisa por irse.
Por eso esta edición les traigo un clásico de las cenas largas: el Café de Olla. Un café endulzado con piloncillo y preparado en una olla de barro que le da un sabor muy especial. Es el café de las abuelas, el de las sobremesas largas y los cuentos que se cuentan una y otra vez.
Ingredientes:
- 1 litro de agua
- 1 raja de canela
- 1 trozo de piloncillo (aproximadamente 50 g, al gusto)
- 3 cucharadas soperas de café de grano, molido al momento
- 1 pizca de sal (para realzar el sabor)
Preparación:
- En una olla de barro (si tienes, si no una normal funciona), pon a hervir el agua con la canela y el piloncillo. Deja que hierva a fuego medio hasta que el piloncillo se disuelva completamente.
- Cuando el agua esté hirviendo y el piloncillo disuelto, agrega el café molido.
- Baja el fuego y deja que hierva a fuego lento durante unos 5 minutos. No lo dejes más tiempo o el café se volverá amargo.
- Apaga el fuego y deja reposar unos 2 minutos para que el poso del café se asiente.
- Sirve con cuidado de no revolver el poso, o cuela si prefieres un café más limpio.
El truco está en la olla de barro. No es lo mismo hacerlo en una olla de metal. La olla de barro le da al café un sabor terroso, un toque que no se puede imitar. Si nunca has hecho café de olla en barro, te lo recomiendo. La diferencia se nota.
Y si quieres acompañarlo con un libro, te recomiendo "Como agua para chocolate" de Laura Esquivel. Una novela donde la comida y los sentidos se mezclan de una forma que solo la literatura mexicana sabe hacer. Meses enteros de recetas que cuentan historias de amor, tradición y familia.
Porque hay cenas que se recuerdan no por lo que se comió, sino por lo que se platicó. Y hay cafés que se recuerdan no por el sabor, sino por la compañía.
Nos vemos en la siguiente edición.
Saludos desde La cueva del oso.



