La última vez que jugaste sin culpa, sin mirar el reloj, sin pensar en lo que tenías que hacer después, ¿cuándo fue?
Si la respuesta te cuesta trabajo, no estás sola.
Crecimos con la idea de que el juego es para los niños. Que los adultos hacemos cosas serias: trabajamos, producimos, cumplimos. Y entre más nos alejamos del juego, más rígidos nos volvemos. Más serios. Más pesados.
Pero el juego no es solo diversión. Es la forma en la que el cerebro aprende. Es la forma en la que nos adaptamos. Es la forma en la que exploramos, probamos, fallamos y volvemos a intentar sin que nos importe demasiado el resultado.
Los niños no juegan porque sí. Juegan porque es su forma de entender el mundo. Y los adultos que seguimos jugando, de una u otra manera, somos los que seguimos aprendiendo.
Hay un cuento que me gusta mucho. Cuenta que un hombre pasó frente a dos albañiles y les preguntó qué estaban haciendo. El primero, de mala gana, respondió: "Estoy poniendo ladrillos". El segundo, con una sonrisa, contestó: "Estoy construyendo una catedral".
La diferencia no estaba en lo que hacían. Estaba en cómo lo veían. En el sentido que le daban. Y eso, el sentido, es lo que transforma cualquier cosa en algo que vale la pena.
A veces nos toca poner ladrillos. Y no siempre podemos ver la catedral. Pero si aprendemos a jugar con lo que tenemos, aunque sea un poco, la carga se vuelve más ligera.
Jugar no significa no tomar las cosas en serio. Significa no tomárselas tan en serio que perdamos la capacidad de sorprendernos, de equivocarnos, de intentar de nuevo.
Significa sacudir lo que está rígido. Mover lo que está quieto. Despertar lo que está dormido.
Y a veces, para crecer, lo que necesitamos no es agregar algo nuevo. Lo que necesitamos es sacudir lo que ya tenemos para que vuelva a la vida.
Porque el crecimiento no siempre es hacia arriba. A veces es hacia adentro. A veces es hacia los lados. Y a veces, simplemente, es soltar lo que nos pesa para poder movernos otra vez.
¿Cuándo fue la última vez que jugaste de verdad?
Tal vez hoy sea un buen día para volver a empezar.

