-El arte ha pasado del museo al scroll- dije en medio de un grupo de personas en una reciente y reconocida feria de arte y… Es real que transitamos un camino cuyo destino podemos imaginar pero no conocemos con certeza.
Plataformas como TikTok y las ferias de arte están transformando nuestra manera de descubrir, mirar y consumir las artes. Y sin estar a favor o en contra, reflexiono al respecto para tomar conciencia de lo que ganamos, lo que perdemos y qué hacemos en ese primer encuentro con la obra en la era en que vivimos.
Un fenómeno muy actual, el arte ha dejado de ser exclusivo de los museos y los espacios culturales para pasar a visitar las ferias y apoderarse de nuestras pantallas. Ahora, una obra puede hacerse famosa no por habitar una sala de un reconocido museo o haber sido curada por la más prestigiosa curadora, sino porque alguien la grabó con su celular, le puso música, un texto ingenioso… y la subió a TikTok… ¡Zaz!
Y así, muchas personas conocen una pintura, una exposición o a un artista, primero en la pantalla que en vivo. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿qué está pasando con nuestra manera de consumir arte?
En los últimos años, hemos visto cómo obras, exposiciones e incluso artistas se vuelven virales gracias a los recursos tecnológicos y las diversas formas que hay para narrar el proceso creativo y es así como, artistas, colecciones e instituciones, encuentran nuevas vidas en las redes sociales; museos, galerías, ferias, artistas, colecciones y exposiciones, han adoptado formatos pensados para compartirse, fotografiarse y grabarse. Y en este nuevo panorama, el arte ya no solo se contempla: se experimenta de múltiples maneras.
¿Democratización o superficialidad?… Lo positivo: el arte se vuelve accesible y cercano; Lo peligroso: normalizar el consumo acelerado y sin contexto que reduce procesos complejos a videos de 15 segundos y confunde likes con profundidad. Ver mucho sin comprender nada.
El problema no es TikTok, ni las ferias de arte, sino quedarnos solo ahí. Porque aunque en general, el arte no se ha resistido al cambio y, hasta cierto punto, ha sabido aprovechar las circunstancias actuales, algo se pierde y se gana en el proceso.
No se trata de elegir, las ferias y las pantallas pueden ser buenas puertas de entrada y el reto no se centra en la cantidad de productos artísticos que tenemos a nuestra disposición, sino en la atención y la conciencia con que decidimos acercarnos a ellos.
Hoy, el arte se mueve al ritmo de los algoritmos, pero sigue cumpliendo su función: hacernos sentir, pensar y cuestionar. Porque incluso en 15 segundos, el arte sigue teniendo el poder de transformarnos.


