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Marginalia · Abril 2026

Tener una biblioteca

David Salinas

20 de abril de 2026·5 min de lectura
Tener una biblioteca

Los libros siempre han sido símbolos de estatus. Antes de la invención de la imprenta, todos los libros tenían que escribirse a mano, por lo que estaban muy por afuera del alcance de la persona común. Con el paso del tiempo y la invención de nueva tecnología, tener una colección de libros se ha vuelto más accesible, pero aún así, es un gasto que no todos pueden solventar.

Por esta razón, una biblioteca puede ser invaluable, una forma de dar acceso a conocimiento y herramientas que den la posibilidad de conectar con otros y construir un mejor futuro. Al mismo tiempo, el impulso coleccionista también nos puede llevar a querer una biblioteca propia, poblada de nuestros propios gustos e intereses.

Para formar una colección de libros de forma accesible, y sin recurrir a la piratería, se pueden comprar libros digitales, ya que el costo de impresión de los libros deja de ser un factor en el precio. El problema es que si formas tu colección de esa manera, esa biblioteca en realidad no es tuya.

Por lo general, cuando uno compra un libro digital, lo que está comprando realmente es una licencia, un permiso para acceder al libro, pero no el libro en sí. Los candados digitales (DRM) impiden que abras tu libro en aplicaciones o dispositivos no autorizados, que puedas prestarle tu libro a alguien más, y lo peor, si Amazon, Rakuten, o quien sea que te vendió el libro ya no lo quiere tener disponible, puedes perder acceso al libro que en teoría ya compraste.

Si lo que queremos es una colección y no solo acceso a lecturas, si lo que nos gusta es tener y ser dueños de una selección personalizada de objetos, el libro impreso sigue siendo la única opción. La colección y la lectura son dos cosas diferentes, cuando lo vemos así. Comprar un libro (o conseguirlo de alguna otra forma) toma menos tiempo que leerlo, y por eso muchos terminamos con una colección que crece más rápido de lo que la leemos. Por eso hay quienes dicen que son dos pasatiempos distintos.

Podrá ser verdad que algunos de los libros en los estantes no estén leídos, y tal vez algunos nunca se vayan a leer, pero ese no es lo único que le da legitimidad a la colección. El esfuerzo que implica conseguir los libros hace que la biblioteca personal implique tener un criterio. Coleccionar significa preservar lo que consideramos importante, pero no solo para nosotros sino también para compartirlo. Por eso guardamos nuestros libros en un estante y no en un cajón. Tener una biblioteca personal, entonces, no es solamente una forma de acceder a la lectura, sino una forma de expresarnos y de crear memoria.

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