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Reflexión · Abril 2026

Lo que los libros han hecho conmigo

Por qué leer no me hace mejor persona, pero sí me deja sin pretexto para no cuestionarme

Adriana Muela

Adriana Muela

20 de abril de 2026·5 min de lectura
Lo que los libros han hecho conmigo

Hay algo que no digo lo suficiente: los libros no llegaron a mi vida como un hábito, llegaron como una necesidad. No como algo que "tenía que hacer", sino como un lugar al que podía ir cuando no entendía lo que estaba sintiendo, y creo que por eso, cuando se habla del Día Internacional del Libro, no puedo quedarme en la celebración, no me sale, porque para mí leer nunca ha sido solo leer, ha sido detenerme, encontrar palabras que yo no tenía, escuchar a alguien más decir exactamente lo que yo no sabía cómo explicar.

A veces pensamos que los libros están ahí para enseñarnos algo, pero con el tiempo he entendido que muchas veces están para acompañarnos, para sostenernos en momentos donde todo parece confuso, o incluso para incomodarnos cuando ya es momento de cambiar algo, y es curioso porque el libro, como objeto, ha cambiado a lo largo del tiempo, ha tenido distintas formas, distintos materiales, distintas maneras de existir, pero hay algo que no cambia: su capacidad de conectar tiempos, personas, pensamientos.

Leer es una de las pocas formas que tenemos de escuchar voces que ya no están, de entender otras épocas, de asomarnos a vidas que no son la nuestra, y eso, sin damos cuenta, va ampliando nuestra forma de ver el mundo. Recuerdo una tarde cualquiera, sentada con un libro abierto sin prisa, sintiendo que no estaba en ese lugar sino en otro completamente distinto, y entendiendo que a veces no hace falta moverse para viajar, que basta con detenerse lo suficiente para dejar que una historia te alcance.

Cuando leo no solo imagino historias, también me imagino a mí en ellas, me cuestiono, me incomodo, me encuentro. Y también hay algo que no quiero dejar fuera: el libro en sí, el objeto, el momento de abrirlo, el olor de las hojas, la textura, la forma en la que puedes volver a una página como si el tiempo no hubiera pasado, hay algo muy íntimo en eso, muy tuyo.

Leer se vuelve entonces una especie de conversación interminable. Lo que empieza en unas páginas no termina cuando cierras el libro, se queda, se mueve contigo, a veces cambia la forma en la que hablas, otras veces la forma en la que miras.

Por eso, más que hablar del Día del Libro como una fecha, me gusta pensar en lo que hago con lo que leo, porque leer no me hace mejor persona, pero sí me deja sin pretexto para no cuestionarme, y quizá ahí está lo importante, no en cuántos libros leo, sino en cuánto dejo que me transformen.

Hoy no quiero recomendarte un libro. Quiero invitarte a algo más sencillo, pero más honesto: a leer con intención, a leer para entenderte, a leer para cuestionarte, a leer para acompañarte, porque a veces una página es suficiente para empezar algo que no sabías que necesitabas.

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