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Miscelánea · Marzo 2026

Postjuventud

Sobre envejecer, transformarse y descubrirse

Vanessa Castro

21 de marzo de 2026·5 min de lectura
Postjuventud

Hace unos días mientras iba manejando tuve una de esas revelaciones que llegan sin avisar y sin pedir permiso. Sentí la piel de mi brazo particularmente suave, de esa suavidad que te hace pensar que por fin todos esos litros de crema y disciplina frente al espejo estaban rindiendo frutos. Emocionada, como quien necesita validación externa para confirmar su triunfo personal, le pedí a mi hija que iba en el asiento del copiloto que tocara mi brazo. Yo esperaba un comentario tipo "wow mami qué bárbara qué piel tan espectacular", algo digno de comercial de crema cara. Pero no. Lo primero que salió de su boca fue una frase sencilla y devastadora. "Mami se siente como los brazos de Tita".

En ese momento tuve lo que solo puedo describir como un mini infarto mental. Mi cerebro hizo una pausa dramática mientras procesaba la información. Resulta que mi piel no era únicamente suave. Era suave en esa forma que solo se logra cuando la piel ya decidió volverse más delgadita, más frágil, más experimentada por así decirlo. Era oficial. Estoy envejeciendo.

A partir de ese momento inevitablemente entré en modo análisis. Empecé a hacer un recuento, casi como inventario, de todos esos cambios evidentes y no tan evidentes que han ido apareciendo sin hacer mucho ruido. Sí, claro, está lo obvio. En las fotos mi cara ya no se ve igual de joven y la ropa, traicionera como pocas cosas en la vida, decidió subir de talla sin consultarme. Pero lo más interesante no está ahí. Lo más interesante es lo que cambió por dentro.

Hoy todo lo tomo con más calma. La prisa que antes me acompañaba para manejar, para hacer, para vivir, un día simplemente se fue sin despedirse. Y curiosamente con ella también se fue gran parte de mi paciencia y de mi tolerancia al drama. Ese drama que antes podía entretenerme ahora me da una flojera monumental. Hoy prefiero la paz aunque a veces eso signifique decir no, irme temprano o simplemente no engancharme.

Visto desde afuera podría parecer resignación, pero desde adentro se siente como libertad. Porque si algo he descubierto es que bajar las expectativas y las exigencias hacia una misma es profundamente liberador. No se trata de conformarse sino de dejar de pelear batallas innecesarias. Me he vuelto más presente. Estoy más en el aquí y en el ahora porque ese futuro que antes veía lejano, casi teórico, de pronto se convirtió en un hoy muy real.

Y en medio de todo esto entendí que estoy en una etapa curiosa y difícil de definir. Soy muy mayor para sentirme joven pero demasiado joven para sentirme vieja. Así que decidí ponerle nombre propio, como quien bautiza algo importante. A este momento de mi vida le llamo postjuventud. Y la verdad es que, con todo y sus sorpresas, sus sustos y sus cremas, no suena nada mal.

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